Informe sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe 2016

Por Jessica Faieta. Directora del PNUD para América Latina y el Caribe

Desde la publicación del primer Informe de Desarrollo Humano en 1990, el PNUD ha abordado algún aspecto del bienestar más allá del ingreso.

El enfoque de desarrollo humano consiste precisamente en la ampliación de las opciones de las personas mediante la consideración no solo de la riqueza material o los ingresos, sino también de la riqueza de la vida humana.

El informe regional que acabamos de presentar, lleva este enfoque a un nuevo nivel, ya que amplía nuestra forma de pensar sobre el progreso y las múltiples dimensiones del bienestar, aplica el enfoque de desarrollo humano a la nueva agenda 2030 de desarrollo sostenible, y lo adapta a las necesidades y aspiraciones de los países de renta media y de los pequeños Estados insulares en desarrollo en nuestra región latino americana y caribeña.

Las ideas clave del informe se resumen en su título.

Hablamos de ‘progreso’, en primer lugar, porque el proceso de transformación histórica por el que han pasado los países de América Latina y el Caribe en los últimos 15 años ha sido extraordinario.

Desde 2003, gracias a la adopción de políticas sociales innovadoras y un crecimiento económico inclusivo, más de 72 millones de personas han salido de la pobreza y cerca de 94 millones se han incorporado a la clase media.

En segundo lugar, observamos con preocupación que los logros de la década se encuentran amenazados por una aguda desaceleración económica internacional que también afecta algunos países de nuestra región.

Estimamos que entre 25 y 30 millones de personas se encuentran en peligro de recaer en condiciones de pobreza en la región.

No solo preocupa la pobreza en todas sus dimensiones.

También nos preocupan las desigualdades, la discriminación y las exclusiones de grupos de latinoamericanos y caribeños, por razones de género, etnia o raza o color de piel — que requieren de la atención urgente por encima y por debajo de las líneas de pobreza.

El enfoque ‘multidimensional’ se fundamenta tanto en el trabajo pionero del PNUD en torno al desarrollo humano, como de las innovaciones más recientes en materia de políticas para abordar la pobreza multidimensional en diferentes países de la región.

En este informe abordamos los desafíos multidimensionales situados tanto por debajo como por encima del umbral de pobreza, con miras a la inclusión de cuestiones tales como la calidad del trabajo, la protección social en todo el ciclo de vida, los sistemas de atención, el empleo del tiempo de hombres y mujeres, la seguridad ciudadana, y la erradicación de la humillación, entre otros.

Todo ello guarda relación con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, donde se incluyen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

El año pasado, 193 jefes de Estado firmaron un acuerdo histórico y universal que dará forma a las conversaciones sobre el desarrollo que se celebren en los próximos 15 años. Si alguna vez existió un momento ‘multidimensional’, es este.

El presente informe se enmarca dentro de las iniciativas del PNUD y del sistema de las Naciones Unidas destinadas a incorporar, acelerar y apoyar las políticas relativas a los ODS en los esfuerzos de estados miembros de manera oportuna y eficaz.

Una de las novedades fundamentales del informe es aportar herramientas para combatir la pobreza en sus múltiples dimensiones.

Proporcionar a cada país, teniendo en consideración sus características únicas y sus propias prioridades, un punto de partida para la consecución de los ODS de acuerdo con sus necesidades específicas.

Las herramientas del PNUD están basadas en la observación de que la erradicación de la pobreza en la región requerirá trabajar tanto sobre los procesos que ayuden a las personas a salir de la pobreza, como de los procesos para evitar la recaída en la pobreza.

Mientras que salir de la pobreza se relaciona sobre todo con el empleo y la educación, los factores que impiden que las personas recaigan en ella conciernen principalmente el acceso a la protección social, tanto en lo relativo a las transferencias sociales y las pensiones, como a los sistemas de atención, los bienes físicos y ahorros, y la mejora de las competencias laborales y habilitadores para el trabajo.

El concepto de resiliencia de las familias , de las comunidades y finalmente de los países, que combina un conjunto de políticas, marca un nuevo curso de acción dirigido a que los encargados de la formulación y legislación de políticas sociales y económicas garanticen que nadie recaiga en la pobreza después de haber salido de ella.

Mientras que entre 2003 y 2013 el 49 % de la población de la región vio una movilidad ascendente, durante el mismo período cerca del 13 % sufrió una movilidad descendente.

Por lo tanto, no basta concentrar los esfuerzos únicamente en la reducción de la pobreza, sino también en fortalecer la resiliencia para sostener logros en el tiempo.

Este informe resulta oportuno, tanto porque aborda las vulnerabilidades que enfrentan los países en la coyuntura actual, como porque pone en marcha un nuevo diálogo sobre el desarrollo de los países de renta media.

Los informes sobre desarrollo humano son más útiles cuando documentan las buenas prácticas, miden los progresos y trascienden las fronteras de lo que pensamos acerca del desarrollo en un mundo cambiante.

Este informe regional sobre desarrollo humano no es una excepción.

Pensamos que resultará esencial para nuestro trabajo en los próximos quince años.

Quiero agradecer de manera muy especial a Jesús Gracia, secretario de Estado de  Cooperación Internacional, por la confianza, el apoyo y la participación de nuestros socios de la Cooperación Española a lo largo de todo este proceso, así como reconocer al Fondo de Objetivos de Desarrollo Sostenibles, por sus valiosos aportes y acompañamiento.

Agradecemos también la orientación estratégica de los miembros de nuestro Consejo Asesor compuesto por notables académicos, políticos, periodistas, analistas y colegas del mundo del desarrollo que conocen bien nuestra región, que se reunió en varias oportunidades en Montevideo, Madrid, Quito y Nueva York para guiar estratégicamente el proceso de elaboración de este informe.

Tuvimos la suerte de contar con la activa participación de las 26 oficinas del PNUD en la región, tanto como identificar buenas prácticas en temas de desarrollo, como en recoger las voces y aspiraciones de las personas a través de entrevistas y grupos focales en 22 países.

Reitero un agradecimiento especial a cada uno de ellos por su esfuerzo y dedicación.

Finalmente, agradecer a mis colegas del Bureau Regional para América Latina y el Caribe, del Centro Regional de Panamá y del Equipo de Desarrollo Humano y, en particular, a  George Gray Molina por el liderazgo intelectual de este informe y su novedoso contenido.

Termino con un mensaje particular para las y los legisladores latinoamericanos y su valioso trabajo:

Esperamos que este Informe contribuya a preguntar no solo como seguir creciendo, sino también como no perder lo alcanzado.

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